Lápiz Gratis

Nuestra Continuidad Compartida

Si partimos desde la idea de que los humanos somos un colectivo de individuos cuya subsistencia depende de la colaboración, no es difícil entender a qué me refiero con “Nuestra Continuidad Compartida”. Podemos separar la frase en sus elementos individuales.

Nuestra se refiere a que todos somos partícipes de ella. Al mismo tiempo se refiere a grupos específicos. Es una palabra ambigua que engloba colectivos grandes y pequeños, y a colectivos de colectivos, pero siempre en el plural: el individualismo no conduce al avance ni a la supervivencia. Entonces es ambigua, pero también con un propósito específico – resaltar la codependencia.

Continuidad nos advierte que no estamos hablando de un futuro lejano ni cercano, ni de un pasado olvidado y glorioso que hay que traer a colación de nuevo. Tampoco se enfoca en el efímero presente. Se refiere en realidad a todo lo anterior, como algo sin principio ni fin y en constante flujo. Es nuestra historia, nuestros prospectos, nuestras acciones y pensamientos.

Compartida es importante porque, en primera instancia, podría malinterpretarse como una repetición de la primera palabra (Nuestra) y por lo tanto como un énfasis redundante en su propósito. En realidad con esta última palabra hablamos de una distribución de recursos, beneficios y responsabilidades; y si bien esto tiene que ver con la codependencia de la que la primera palabra habla, es más específica y describe la relación que tenemos con la Continuidad. Las responsabilidades que tenemos son para con todos, y los beneficios parten de la gestión de los recursos que también compartimos.

En otras palabras, Nuestra Continuidad Compartida es una visión circular. Nada ni nadie existe por separado, todo toca todo lo demás, y está influenciado por el pasado y por las expectativas que tenemos del futuro. Por ende tenemos una responsabilidad inherente de cuidarnos unos a otros, porque sin los demás (sean animales, plantas, humanos, minerales, etc.) no podemos existir.

Cuidándonos, respetándonos, gestionando lo que tenemos a la mano, intercambiando y entendiéndonos – estas son las formas en que aseguramos nuestra supervivencia. Incluso si un individuo quiere sólo ver por su propio bienestar, es imposible que exista en solitario.

Sí, esto es un tipo de ecología, o de permacultura. Mientras que es aplicable al medio ambiente, mi enfoque con esta frase está más orientado al conocimiento, la cultura y el arte.

La idea de una frase como esta nace de la necesidad de tener un término y un significado más adecuado y específico que aquél de los comunes. No los desdeño: lo comunal es la inspiración y el punto de partida de este concepto. Nuestra Continuidad Compartida es una variación de lo comunal, pero adaptándolo (espero) al contexto moderno.

Se habla mucho de los comunes creativos, o los comunes del conocimiento, de encierros, apropiaciones y límites; y mientras que creo que estas son descripciones adecuadas del panorama actual, estamos en la penosa circunstancia de que dichos comunes son dependientes de leyes que los limitan y destruyen.

Si queremos hablar de un movimiento que verdaderamente respete al individuo tenemos que hablar de un movimiento que respete al colectivo, ya que el individuo no puede existir sin pertenecer a un colectivo. Las leyes actuales que regulan la cultura, el conocimiento y el arte se enfocan en muy pocos tipos de individuos (ciudadanos) y de colectivos (naciones, estados), cuando la variedad de individuos y colectivos es apabullante. Los colectivos no se rigen por fronteras, y los individuos contienen multitudes y pertenecen a múltiples colectivos a la vez. Es imposible, creo yo, legislarlos de tal manera que se respeten estas especificidades.

Esto no quiere decir que es imposible que haya reglas que regulen nuestra interacción con el arte, el conocimiento y la cultura. Sólo quiere decir que las leyes que usamos actúan como burbujas o paredes que limitan la manera en que podemos experimentarlas, compartirlas y gestionarlas. Ese es el resultado natural de convertir estos aspectos de la experiencia humana en “posesiones”, o propiedades.

Nuestra Continuidad Compartida es un sistema que rechaza las jerarquías, la dominación, los abusos y los odios. No puede existir junto al racismo, fascismo, transfobia u homofobia, islamofobia, antisemitismo o la colonización. Es un intento de detener el avance del imperio; y con “imperio” no me refiero a una entidad en específico, sino que uso la definición de carla bergman y Nick Montgomery en Joyful Militancy: el imperio es una red de control y dominación que oprime a la vida, y que toma la forma de colonialismo, supremacía blanca, heteropatriarcado, etc [Montgomery, Nick & bergman, carla. Joyful Militancy. AK Press, 2017. p.48].

Nuestra Continuidad Compartida se basa en el apoyo mutuo, la solidaridad y el colectivismo, y al mismo tiempo rechaza las generalizaciones y el tribalismo. Esto quiere decir que acepta las diferencias y aboga por un trabajo conjunto de humanización, respeto y admiración por quienes nos rodean. Busca que nos inspiremos los unos a los otros sin transgredir ni apropiarse de la cultura de los demás, enfocándose en la idea de que como seres humanos somos partícipes de muchas realidades y comunidades a la vez. También busca subrayar la responsabilidad que tenemos de protegernos mutuamente, y esto incluye nuestra integridad física y nuestra herencia particular y colectiva.

Si bien estas son muchas características que hay que tener en mente, es posible ser partícipe de Nuestra Continuidad Compartida sin necesidad de volverse embajador o evangelista de la idea. Basta enaltecer uno, algunos o todos estos valores para formar parte de esta Continuidad. Claro está: Compartir con un propósito intencional es mucho más efectivo, pero rechazar a otros por una supuesta “falta de convicción” o por “inconsistencias ideológicas” nos lleva al tribalismo que queremos evitar.

Vaya, se podría argumentar que sólo con ser ya formamos parte de este sistema: es una tendencia natural que se ve obscurecida por el imperio, las leyes y los odios promovidos por los sistemas que rigen nuestra sociedad.

No vale la pena negar que es una idea utópica. Es un concepto optimista, aunque más bien podríamos llamarlo un concepto con esperanza. La diferencia recae en que el optimismo es mantener una buena actitud independientemente de lo que suceda (es pasivo), mientras que la esperanza requiere que actuemos para lograr un cometido.

Espero que mi descripción de esta idea haya sido adecuada. En el futuro planeo desarrollarla y darle mejor forma basándome en un contexto histórico y en escritos hechos por gente increíblemente capaz, de todas partes del mundo.

Por el momento les envío toda mi solidaridad.
~Emiliano


Gracias a Orzaly Valdez por pre-leer este texto y darme su opinión y comentarios.

#artículo #nuestra continuidad compartida